Manel Muñoz Borras. Juan Carlos I se va de safari

Juan Carlos I se va de safari

La monarquía española ya no sabe qué hacer para que los españoles la manden a freír espárragos. Sigue creciendo la saga de historias estrafalarias de la Familia Real. En menos de una semana a Froilán, hijo de la infanta Elena, se le disparó misteriosamente una escopeta en el pie. Dicen las malas lenguas que el incidente ocurrió mientras estaba limpiando las armas que su abuelo se llevaría la misma semana en Botswana, donde se rompió la cadera mientras iba de safari. Y es que mientras la sociedad española está preocupada por el desarme de ETA, resulta que tenemos un monarca armado hasta los dientes que el día que se planteará sacar la pistola, y no la que le sacó a Bárbara Rey, ya podemos echar a correr.

Nuestra monarquía, como todo lo español, aunque la Denominación de Origen no sea muy clara – el titular del cargo es francés, nacido en Italia y criado en Portugal y la mujer es alemana, que se hace llamar griega-, ha sabido captar la filosofía de ser español. Nuestro jefe de Estado es un personaje con talante cachondo que desprende “campechanismo” por cada poro de su piel. La personificación de la charanga y pandereta en estado puro!

Nuestro rey es entrañable! Más de una vez los ciudadanos nos hemos quedado conmovidos ante la escena de un monarca que durante una conferencia se quedaba dormido. Es cuando nos dan ganas de taparlo con una mantita y besarle en la frente. Mientras algunos pensábamos que estas siestas eran cosa de la edad, Juan Carlos nos hizo saber que sufre insomnio por las noches debido a que no para de pensar en la tasa elevada de desempleo juvenil. Y como no podía dormir, y con 74 años quería demostrar al pueblo español que aún conservaba la frescura del joven que seguía a Franco, se fue a Botswana desinteresadamente de labor humanitaria como presidente de honor de la World Wild Foundation, ONG ecologista para la protección del medio ambiente y los animales, para reducir la sobrepoblación de elefantes. Y es tan generoso con los países subdesarrollados afectados por el neocolonialismo y conquistados por los elefantes que incluso se ofreció a pagar 30.000 € por animal abatido. Eso sí, financiados por España que está en régimen de recortes debido a la crisis económica.

En plena cacería, cuando ya tenían la víctima en el punto de mira, un elefante macho de unos diez años, el rey estaba preparado para disparar. El elefante hacía rato que se sentía observado, y vio al rey de una hora lejos. Al animal, todo simpático, aquel buen hombre del rifle le transmitió confianza, y decidió ir a saludarlo. El rey, que quería tener una colección de animales disecados mayor que la de Juan Antonio Roca en Marbella, las dos conseguidas con el dinero de los ciudadanos, se decidió y le disparó entre los ojos pensando que lo tumbaría de una vez. Juan Carlos, que en 74 años ya no tenía la puntería de cuando tenía 18 y acertó de lleno en la cabeza de su hermano Alfonsito con un arma financiada por Generalísimo, falló. El elefante, que iba de buena voluntad, vio las intenciones maliciosas de aquel friki de safari y antes de que volviera a disparar, decidió tomar la iniciativa y cornear el monarca. El rey en verle las orejas al lobo, o mejor dicho, los colmillos al elefante, decidió refugiarse arriba de una Marula (árbol típico de Botswana). Como pudo trepó el árbol tropical y aquella pobre bestia, hija de la naturaleza, no fue a tiempo de frenar y se estampó contra el tronco. Del golpe que el elefante dio contra la Marula, el rey que estaba agarrado a una rama, perdió el equilibrio e hizo la caída de Roma sobre el colmillo derecho del elefante. Su cadera se resintió.

Después de que la entrañable aventura llegara a oídos de los medios y la ciudadanía, y el rey hubiera sido intervenido quirúrgicamente, algunos partidos políticos que se hacen llamar republicanos pidieron una disculpa pública, los más atrevidos hablaron de dimisión, y sorprendentemente, los que tienen las tijeras en la mano y acaban de anunciar el recorte de 10.000 millones de euros del Estado del Bienestar, salieron en su defensa. Al fin y al cabo € 30.000 tampoco es tanto dinero.

El rey finalmente ha salido del hospital USP San José de Madrid y ha hecho unas declaraciones ante los medios: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir “.

“Lo siento mucho” porque romperse la cadera duele y la recuperación es lenta. “Se ha equivocado” porque en lugar de ir a cazar debería haberse quedado en casa viendo la película del 23-F. Y “no volverá a ocurrir” porque por lo que le queda en el convento, más vale que haga bondad que cuando uno tiene 74 años no está para vivir según qué aventuras. Y más cuando su cargo cojea igual que él.

Toni Manel

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