CARLOS SERRANO TIRADO.
En boca de todos.Las recientes declaraciones del conde de Salvatierra, de la noble y mundana Casa de Alba, sobre las carencias emprendedoras de los andaluces, en un programa de la cadena de televisión La Sexta, el 11 de diciembre de 2011 (¡ah, la televisión y sus 3 minutos de gloria!), evidencian que no sólo importa lo que se dice, sino cómo se dice y quién lo dice. Y ponen de manifiesto, una vez más, como se enreda, pese a matices o rectificaciones posteriores, desde sectores muy concretos respecto a Andalucía y el subsidio agrario y el antiguo Plan de Empleo Rural (PER), denominado posteriormente Acuerdo para el Empleo y la Protección Social Agraria (AEPSA) y en la actualidad, Programa de Fomento del Empleo Agrario (PROFEA).
Cualquier crítica no es ajena a una parte de verdad o a una percepción de la verdad. Pero no basta con cuantificar el porcentaje de esa verdad, que sustenta o invalida una crítica, sino que hay que establecer la intención de esa crítica. No está, ni puede estar, sujeta a crítica la incuestionable necesidad de dar el pez; al margen de la importancia de dar también la caña de pescar o la red y enseñar su manejo.
El PROFEA permite combinar peonadas en el campo con trabajos para los ayuntamientos, con el fin de alcanzar un número determinado de jornales que garantiza cobrar el subsidio agrario durante los meses en que no hay trabajo en el campo. Es decir, un instrumento que actúa en aspectos intangibles, como la dignidad y la autoestima, y en otros tangibles, como los demográficos y los socioeconómicos.
Por ejemplo, en Jaén, una provincia agrícola, principal productora mundial de aceite de oliva, en el periodo 2004-2011 se crearon 2 millones de jornales con cargo a los sucesivos planes de empleo rural, con una inversión de unos 200 millones de euros, que incluía el subsidio de desempleo, la generación de empleo y garantía de rentas o la equiparación del Régimen Especial al General de la Seguridad Social; inferior a la de otros sectores como textil, astilleros o minería, que requieren una inversión superior y beneficia a menos trabajadores¹.
Mientras, hay propietarios como la Casa de Alba, que se incluye en el grupo del 1’5 por ciento de los perceptores de ayudas de la Política Agraria Común (PAC), que reciben el 29 por ciento de esos fondos. La ayuda media en Andalucía es de 4.600 euros y el importe máximo de la misma, de 3,6 millones de euros. Y además se da la circunstancia de que la Casa de Alba con 25.000 hectáreas emplea a 250 trabajadores, mientras que municipios como el sevillano de Marinaleda emplea a 300 con 1.200 hectáreas².
En los últimos tiempos, las críticas y ofensas a Andalucía y a sus gentes se han producido de forma sistemática, predominando el interés de quien vertía la crítica sobre el rigor y la veracidad de la misma. La lista es extensa y todo indica que las “apreciaciones” del conde no serán las últimas; a ellas se suman las ya conocidas de Joan Puigcercós, de Ezquerra Repúblicana de Catalunya (ERC), “en Andalucía no paga impuestos ni Dios” (pronunciadas en un mitin en La Seu d’Urgell, Lleida, en noviembre de 2010); Josep Antoni Dura i Lleida, de Convergencia i Unió (CiU), “en otros sitios de España reciben un PER para pasar una mañana o toda la jornada en el bar del pueblo” (expresadas en el Consell Nacional de CiU en Barcelona, en octubre de 2011); Artur Mas, president de La Generalitat de Catalunya y militante de CiU, “Estos niños y niñas…y no le hablo ya de Sevilla, de Málaga, de Coruña, etcétera, porque allí hablan el castellano, efectivamente, pero a veces a algunos no se les entiende”(emitidas en el debate de política general del Parlament de Catalunya, en septiembre de 2011); Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid y dirigente del Partido Popular (PP), “’han hecho lo que creen que debe hacer un Gobierno, que es utilizar el dinero de los contribuyentes para hacer ‘pitas, pitas, pitas’. La gente del campo ya sabe a lo que me refiero”, declaraciones en Telemadrid, en marzo de 2010; Lucía Figar, consejera de Educación de la Comunidad de Madrid, también del PP, “El otro día nos llamó un amigo (diciendo) que están en venta por 50 euros los (ordenadores) de la Junta de Andalucía en el mercadillo de Málaga” (manifestado en el Parlamento regional de Madrid, en noviembre de 2010); Ana Mato, vicesecretaria de Organización del PP, “en Andalucía se ha visto a escolares en los suelos” (en una entrevista emitida por Radio Nacional de España (RNE), en octubre de 2011); y “los niños andaluces son prácticamente analfabetos” (en una entrevista en Punto Radio, en marzo de 2008); Luis del Rivero, ex presidente de Sacyr, “El PER es un sistema en que se fomenta la vagancia” (en un curso organizado por la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE) en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Santander, en junio de 2010).
En este contexto resulta curioso el respaldo con sus votos de los emigrantes andaluces afincados en Cataluña y de sus hijos nacidos en esa comunidad autónoma a formaciones políticas cuyos representantes denigran reiteradamente a su tierra de origen. ¿Ira, frustración o síndrome del “criollo”? ¿Necesidad de matar o negar al padre? Sin duda, un comportamiento susceptible de ser abordado desde la Antropología y la Sociología e incluso desde alguna otra disciplina. De igual modo, resulta cuestionable y es difícil entender la renuncia al privilegio de compartir la riqueza proveniente de dos culturas, que a fin de cuentas beben en amplios periodos de la historia de una fuente común. ¿Por qué prescindir de Dalí o Picasso cuando se puede disfrutar de ambos? ¿Por qué ahondar en lo que separa, en lugar de construir sobre lo que une?
El citado Picasso, Séneca, Averroes, Emilio Lledó, María Zambrano, Góngora, Antonio y Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez, García Lorca, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Rafael Alberti, Caballero Bonald, Muñoz Molina, Antonio Gala, los hermanos Bécquer, los hermanos Álvarez Quintero, Velázquez, Murillo, Romero de Torres, Zabaleta, Manuel Ángeles Ortiz, Pepe Espaliú, José Guerrero, Manuel de Falla… son andaluces, de una extensa lista, que forman parte del legando de Andalucía a la cultura y a la historia, no sólo andaluza, sino universal. Un legado que sitúa a esta tierra al menos en el mismo plano que otros territorios y que convendría no olvidar por aquellos que desde la interesada ignorancia atacan habitualmente a Andalucía y por aquellos otros, que desde similar ignorancia, dan pábulo a las falsedades emitidas.
Andalucía, con independencia de quien la gobierne o la gobernara, es sueño del duende y tierra de luz.
(1) Datos facilitados por la Subdelegación del Gobierno en Jaén.
(2) Datos obtenidos del artículo El conde incendia el campo, de Ginés Donaire. El País, 13 de diciembre de 2011.

Excelente, don Carlos.
Querido Carlos haces una buena defensa de Andalucia pero no ha todos nos puedes meter en el mismo saco, yo naci en Jaén, pero mi recuerdo de allí es tan poco y lo poco que recuerdo es pasar hambre y ver llorar a mis padres porque el patrón que vivía en Madrid cerraba el terreno que tenia el Melonar, que mi padre era el guardia que los cuidaba. No me preguntes por nada mas de donde nací, me considero Catalana por vivir en Cataluña mas de 60 años, y vinimos aquí a quitarle el trabajo que muchos Catalanes luchaban por conseguir trabajas solo sus 8 horas, pero claro para ellos fuimos esquiroles malas personas por quitarles su puesto de trabajo. Carlos después de tantos años no nos perdonan, y nos siguen llamando ladrones, pero no por ser Andaluces ni Murcianos, si no por la ignorancia que los mandatarios tienen de el porque nos fuimos de nuestra tierra. un buen articulo paisano.